PASOS Y LÁGRIMAS

June 18th, 20092:52 pm @ High Con

0


por Jesse Cameron Alick, traducido por Alina Benitez Gracco

Mi hermana no puede caminar. Tambaleo hasta mi puerta de entrada con las llaves en mano. Mi hermana no puede caminar. Mi amigo, parado detrás de mí, sabe que hay algo que no está bien. Mi hermana no puede caminar. Al fin entro al departamento y sin más, voy hacia mi cuarto y cierro la puerta. De repente -bueno, no tan de repente ya que esto venía desatándose desde hacía unos diez minutos, tal vez “rápidamente” quedaría mejor- al encontrarme solo, me quiebro, mis manos cubren mi rostro, y mis rodillas caen. Y mi hermana no puede caminar.

Hace tres meses, una misteriosa enfermedad nerviosa degenerativa, que aún no ha podido ser diagnosticada, arrebató a mi hermana su capacidad de caminar. Para comprender, la magnitud de esta situación, es necesario saber un par de cosas sobre ella. Es la mujer más trabajadora que conozca. Productora de teatro, organizadora de eventos, y una escritora brillante. Durante La mayor parte de mi vida, sin exagerar, se me hizo muy difícil mantener un contacto con ella, es casi imposible. Es ella quien me enseñó que no hay motivos para no aspirar alto – con la disciplina adecuada, todo es posible en esta vida; así que hazlo todo, ahora, rápido. Es por eso, que ver a esta persona joven y llena de ocupaciones, toda una “supermujer,” convertirse en alguien que necesita de medios mecánicos para movilizarse, ha sido muy duro para ella, y es duro de ver. De todas formas, nunca se lo demostraría. Detesto cuando las personas no tienen disciplina emocional: cuando muera, quiero que en mi lápida diga “Jesse Cameron Alick – siempre tenía todo bajo control.” Me molesta particularmente, cuando la gente no se da cuenta, de que cuando alguien atraviesa una situación difícil, lo último que necesitan es verte llorar. Tus lágrimas los lastiman – y debemos evitar lastimar a otros seres, cueste lo que cueste. Mi hermana intenta ser positiva, y trata de adaptarse a todos estos cambios en su vida con optimismo – así que yo también lo hago. La semana pasada nos encontramos en una conferencia de teatro, y al verla por primera vez desde que tiene esta enfermedad, trato de actuar con naturalidad: le abro las puertas como si nada, cuando veo que no puede sola; levanto papeles y lapiceras sin emitir comentarios cuando le dan pequeños ataques en el lado izquierdo de su cuerpo. Cuando se recuesta a descansar, subo a su scooter y hago como que voy a dar un paseo- eso la hace sonreír, yo sonrío, y sonreímos juntos. Porque las lágrimas nada solucionan.

Mi amigo se sienta a mi lado, miramos una serie de ciencia ficción de los 80s, horrible por cierto. Le había comentado sobre mi hermana camino a casa, de repente la emoción me invade y corro a encerrarme en mi cuarto. Ahora, 15 minutos más tarde, lo tengo todo bajo control de nuevo. El me mira y sabe que no soy yo. “No pensé que era tan grave” me dice, apoyando su mano en mi hombro. “¿Podemos no hablar de esto ahora?” Le pido. Pero ya es tarde. Liberado gracias al vino tinto y la marihuana, mis emociones afloran nuevamente. Tengo tanto miedo. Tantas preocupaciones. ¿Y si los médicos no pueden ayudarla? ¿Y si empeora? ¿Cuánto más podría empeorar? ¿Y si no puede trabajar más? Su trabajo la hace feliz. ¿Y si nunca más puede ser feliz? ¿Qué pasaría entonces? Entonces me quiebro otra vez. Esta vez es en serio. Mi amigo me mira como un niño asustado- conmovido, sin saber qué hacer. Junta mis pedazos en sus brazos, y por unos instantes, antes de que yo vuelva a tener el control, me sostiene mientras mis lágrimas se dejan caer.

  • Twitter
  • Facebook
  • Google Gmail
  • Hotmail
  • Yahoo Mail
  • Share/Bookmark